ensayos


La segunda vez que lo vi fue una mañana desayunando antes de entrar a clase. Me senté en la mesa de al lado sin esperar que me reconociera, pero si lo hizo. Le pregunté que por qué seguía en el país y me contó sobre su trabajo, poco interesante. Lo interesante era su forma de hablar, su acento glotal que me hacía sentir como si estuviera en otro lugar, como si perteneciera a una mejor sociedad. Claro que me he deconstruido y sé que el eurocentrismo es la cagada, pero su voz me daba ganas de ser conquistado, subyugado, menospreciado. En ese momento no había decolonialismo ni feminismo ni anarquismo ni ninguna idea posmoderna que valiera. Lo quería autoritario, lo quería facista, lo quería cruel, lo quería irrespetuoso. Cuán lejos se sentía su mesa separada únicamente por estas ideas maricas que nos metió la revolución. ¿Para qué humanidades cuando todos queremos, en el fondo, que nos traten como animales? Ronronear como gatos, gemir como vacas, morder como perros. Mi cabeza se imaginaba el Kama Sutra entero pero el mal llamado “filtro” que se debe tener en las relaciones sociales para no pasar por un pervertido me hacía preguntarle estupideces sin importancia como ¿y si te ha gustado el trabajo? Me dijo que sí. ¿Y te queda tiempo para hacer otras cosas? (para hacer-me otras cosas, es lo que quería decir). Me dijo que sí. Me moría por preguntarle algo obsceno aprovechando su racha de soltar sí tras sí, pero no lo hice. Le dije que me alegraba verlo, que bienvenido al país y que esperaba verlo pronto. En el mundo onírico lo vuelvo a ver con cierta frecuencia, en el mundo de la vigilia no lo volví a ver.

Marzo del 2024

¿Es o no el punto arquimedico una virtud? Cuenta la leyenda que Arquímedes defendió que con una palanca lo suficientemente larga podría levantar la tierra. Se metaforiza ahora que con la distancia suficiente se puede entender por completo cualquier fenómeno. ¿Nublan los juicios de valor la verdadera adquisición de conocimiento? Por perseguir el estado contemplativo de la sabiduría es que la realeza inglesa enseña a no opinar. Por esto mismo los antropólogos hablan de “caridad” y ven como inferior al periodismo acusatorio. El zen enseña a despojarse de las enseñanzas de la academia, la sociedad o la religión. En este orden de ideas responder a estas preguntas es un despropósito.

Abril del 2024 











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